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En Tucumán, especialistas e instituciones desarrollaron un innovador biofertilizante natural. Para ello utilizan biotecnología basada en la aceleración del compostaje gracias a hongos y bacterias que permiten devolver los desechos de la industria cítrica en forma de abono. Conoce detalles.

Más avanza el tiempo más necesario es encontrar nuevas alternativas circulares para mejorar la situación ambiental del país. En este contexto es que la Universidad Nacional de Tucumán, en asociación con el municipio de Tafí Viejo y la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (PROIMI) del Conicet NOA Sur, está liderando un proyecto que genera un acelerador natural de compostaje o biocatalizador. 

Con una amplia variedad de la industria de los cítricos en este lugar del norte de Argentina, los desechos son una de las grandes problemáticas del sector. Sin embargo, este innovador proceso se aplica a los subproductos de la industria citrícola, cerrando el ciclo al retornar como fertilizante a las plantaciones de limón en beneficio de los productores locales.

De esta manera, con este nuevo plan buscan poder avanzar en la gestión de los residuos sólidos urbanos y al mismo tiempo darle un nuevo destino a estos residuos. 

Es que en el corazón de Tafí Viejo, específicamente en el Centro de Interpretación Ambiental y Tecnológico (CIAT), se encuentra una planta de procesamiento de residuos secos y orgánicos que se erige como un modelo de sustentabilidad ambiental en la provincia. 

Aquí, los residuos orgánicos se transforman en abono para las tierras y plantas municipales, viveros locales, puntos de ecocanje, y una parte mínima regresa a los productores. Este sitio estratégico es el epicentro de una investigación a escala campo liderada por investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán y del Conicet.

La Dra. Cintia Romero, bioquímica y líder del grupo de investigación, junto a un equipo multidisciplinario de químicos, físicos y biotecnólogos, está llevando a cabo un desarrollo tecnológico que acelera el proceso de descomposición de la materia orgánica. En palabras de la Dra. Romero: “El CIAT de Tafí Viejo nos solicitó probar nuestro desarrollo a la escala de la planta para degradar la materia orgánica que llega ahí. Tienen como subproducto todo lo que viene de la industria citrícola, frutas, resto de poda y también subproductos de la industria del jugo y de la cáscara de limón”.

Argentina se destaca como el primer productor mundial de limones y alrededor del 90% de su producción tiene como origen la provincia de Tucumán, en el noroeste del país. Ante esta magnitud es que este desarrollo toma más relevancia, como respuesta a una problemática concreta, pero también como potenciador de una economía circular.

Puntualmente, la innovación radica en la aplicación de un acelerador microbiológico que potencia la velocidad con la que los microorganismos naturales descomponen la materia orgánica. La Dra. Romero detalla: “Todo nuestro desarrollo está basado en biomoléculas, todo es orgánico. En el laboratorio desarrollamos biomoléculas que aplicamos luego en el compost y el proceso se acelera de 120 días (sin usar acelerador) a 45 días (con nuestro fertilizante)”

El resultado es un biofertilizante que enriquece la tierra con carbono y nitrógeno, cerrando el círculo al volver a la industria citrícola como nutriente esencial para el cultivo del limón.

Este proyecto no solo representa un avance tecnológico significativo en la gestión de residuos, sino también un modelo inspirador de colaboración entre la academia, el sector público y la industria, promoviendo la sostenibilidad y la economía circular en Tafí Viejo. Un paso crucial hacia un futuro más verde y consciente en la región.

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