La transición hacia una matriz energética más limpia en Argentina avanza, aunque a un ritmo desigual frente al contexto internacional. Marcelo Álvarez, miembro de la comisión directiva de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER), dialogó con Utopía Urbana sobre el presente del sector, los obstáculos regulatorios y financieros, y las oportunidades que abre un futuro descarbonizado.
Con más de cuatro décadas de experiencia en el sector, Álvarez aseguró: “La transformación hacia la descarbonización y las renovables va a pasar conmigo o sin mí. El rol de CADER es que ese proceso sea más inteligente, más eficiente, más barato y más rápido”. El experto estará presente en la 7ma Convención CEMAS, en la que Utopía Urbana es nuevamente media partner.

Avances y marco regulatorio
El país cuenta hoy con un marco normativo que, aunque perfectible, permitió impulsar tanto las renovables a gran escala como las redes locales. Sin embargo, uno de los principales desafíos es la inminente caducidad de una de las leyes vigentes hacia fin de año. “Hay un proyecto de ley para reemplazarla y, al mismo tiempo, estamos empujando una Ley de Transición Energética que fue bien recibida por legisladores, pero resta ver qué hará el Ejecutivo”, señaló Álvarez.
Un contexto adverso para la inversión
La falta de financiamiento competitivo es otro de los grandes obstáculos. Según Álvarez, los proyectos eólicos y solares, al ser altamente intensivos en capital, requieren tasas de interés accesibles. “El estudio de la ONU demuestra que las renovables son más baratas, más limpias y generan más empleo que el gas y el petróleo. Sin embargo, con tasas de interés del 8% en Argentina frente al 3% en Chile, se vuelve todo más difícil”, afirmó el referente de CADER, quien expondrá en la 7ma Convención CEMAS.
Esta realidad desalienta a los inversores internacionales, que prefieren mercados más estables. Aun así, los empresarios locales, acostumbrados a la volatilidad del país, sostienen proyectos con una mayor tolerancia a la incertidumbre.
El rol del gobierno y el cambio climático
Álvarez también cuestionó la falta de compromiso del Ejecutivo: “El gobierno no toma en consideración el cambio climático. Pero Argentina está un 60% arriba del promedio de emisiones de América Latina. Arrancamos desde atrás y eso nos obliga a transformaciones más abruptas, más caras y más dolorosas”.

En ese sentido, Álvarez alertó que el país corre el riesgo de quedar fuera de los mercados internacionales por el alto consumo energético de su industria. Esto se debe a que los principales bloques económicos —como la Unión Europea o incluso Estados Unidos— están endureciendo sus regulaciones ambientales para evitar que productos intensivos en emisiones ingresen a sus mercados.
Un ejemplo concreto es el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) que implementa la Unión Europea: un impuesto aplicado a las importaciones de bienes cuya producción genere altas emisiones de dióxido de carbono. Esto significa que industrias como la del acero, el cemento o el aluminio argentino, que dependen de una matriz energética poco descarbonizada, podrían enfrentar sobrecostos al exportar, perdiendo competitividad frente a países con una energía más limpia.
Además, cada vez más empresas internacionales exigen certificados de sostenibilidad y trazabilidad energética en sus cadenas de valor. Multinacionales de sectores como la automotriz o la electrónica buscan proveedores con baja huella de carbono para cumplir sus propios compromisos de reducción de emisiones. En este contexto, la industria argentina podría quedar rezagada si no logra transformar su matriz.
La situación es aún más urgente si se considera el consenso científico sobre el calentamiento global. Álvarez fue tajante: “La comunidad científica sabe que si superamos el 1,5 °C de calentamiento global entramos en terreno desconocido. Por encima de ese límite no sabemos a qué escenario nos enfrentamos”. La superación de este umbral, advierten los expertos, podría activar desequilibrios climáticos con consecuencias económicas enormes: pérdida de productividad agrícola, encarecimiento de seguros internacionales, desastres naturales más costosos y presiones regulatorias cada vez más estrictas.
En otras palabras, sin una transición hacia energías limpias y eficientes, Argentina no sólo enfrenta los efectos internos del cambio climático, sino también una barrera económica y comercial creciente, que podría aislarla de los mercados globales más dinámicos.
Perspectivas: generación distribuida y eficiencia
De cara al futuro inmediato, Álvarez proyecta un fuerte crecimiento de la generación distribuida, impulsado por el aumento en las tarifas energéticas tras la quita de subsidios. “Lo que va a generar que el mercado crezca más rápido es el sinceramiento del precio de la energía. La mayoría de la gente toma decisiones ambientales por una cuestión de bolsillo: cuando es negocio poner paneles solares en el techo, el crecimiento es exponencial”, según palabras del propio Álvarez.
En paralelo, destacó la importancia del etiquetado de viviendas y la eficiencia energética como políticas clave para proteger a los sectores más vulnerables.
Argentina enfrenta el desafío de acelerar la transición energética en un contexto de crisis económica y un marco político que aún no asume la urgencia climática. Aun así, la evidencia es clara: las renovables son más limpias, más baratas y generan más empleo. El reto está en crear las condiciones financieras y regulatorias para que el país no quede rezagado frente a la transformación global que ya está en marcha.
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